El prólogo

L'avant scène

La casa se acurruca detrás de una guardia estrecha de perennes. Cuando el invierno azota tan fuerte que nos quedamos al amparo de la terraza, ellos permanecen, fieles y tan hermosos con su adorno de nieve o de escarcha. A veces, frente a su firmeza, uno se sorprende a soñar con eternidad... La glicina y el rosal “Gloire de Dijon” rivalizan en precocidad. “Ghislaine de Féligonde” tomará el relevo. En la primavera, cuando todos los choisyas están en flor, la cabeza se nos marea de tanto placer. El viento parece traernos todos los perfumes de un sur lejano.