El jardín de los contrastes

Le jardin des contrastes

Este jardín finaliza la unión de la pareja Sol-Luna. Asocia el Yin y el Yang. Se compone de dos partes, opuetas y complementarias, conforme al orden universal. Por un lado, el arriate solar donde resplandecen los colores cálidos. Es el ámbito de los sentidos. Es la luz, la exuberancia. Es el fuego, el oro y el cobre. Es nuestra fuente de energía y aquí nace la primavera. Pronto los espiras y los euforbios relucían entre los perennes de follaje claro. Más tarde vendrán las peonías : “Recuerdo de Maxime Cornu”, pesada, despeinada, amarilla como el oro moteado de encarnado y la salpicadura púrpura de “Sangre Lorenés”. En verano el arriate es menos espectacular pero el fuerte perfume del magnolia rivaliza con las rosas almizcadas para seducirnos. Asters, heleniums, rudbeckias, sedums, alzarán sus estrellitas azules o cobrizas para detener al sol aún más al declinar la buena temporada.

Al otro lado, en la sombra del gran pino, es un mundo más reservado. Es el ámbito del espíritu en todas sus aptitudes. Puede ser la razón, varian las formas rigurosas como para significar que todo cambia, todo se transforma. Pero también es el ensueño: la viña se cree cascada y chorrea como el agua ; el perfume delicado de Céline Forestier se funde como un vaho en la bruma matinal mientras su tez diáfana adopta media tintas de miel. ¿Qué es?, ¿Una rosa?, ¿Una sombra que se escapa apenas la hemos entrevistado ? ¿No sería más bien una bruja enamorada que ha venido para recolectar las hierbas mágicas que crecen al pie del árbol del conocimiento ? La artemisa y la verbena que preservan del mal de ojo y entran en la receta de los filtros de amor, el hipérico, hierba solar, que nos defende en contra de los seres de la sombra, el hinojo que vela por la buena marcha de las almas, el helecho cuyas esporas les hacen invisibles y muchos más.