El jardín lunar

Le jardin lunaire

Se disfraza de plata, se hace el claroscuro. El plenilunio, en su cenit, le adorna con chispas, y, cuando por la mañana se evapora el disco lechoso, descubrimos, sobre la piel verdosa de las hojas, las salpicaduras pálidas y heladas de una luz olvidada. Todo en aquel lugar obedece al principio femenino. Así como la luz de la luna que sólo existe por el reflejo de la luz del sol, es un jardín espejo, donde se puede dejar que se exprese el lado fantasmagórico de su propio jardín secreto. Es el lugar del ensueño y del inconsciente, el lugar Yin en el que se conoce al niño eterno acurrucado en sus sueños.