El jardín quieto

Le jardin calme

Este jardín ha invadido nuestros sueños durante mucho tiempo, cambiando su rostro cien veces. Necesitábamos allí un jardín ocioso, donde nuestra mirada puede descansar y vaguear. Un jardín en el que nada impide que el pensamiento vagabundo se desarrolle. Era imprescindible poder meditar, dejar que el tiempo pase. Todo empezó con un árbol llorón un tanto incongruente, que impide toda simetría, pero que debíamos conservar sin falta. Sin atrevernos a poner en escena a un jardín japonés, nos inspiramos de un antiguo libro de estampas impregnado de serenidad. Desplazamos montes, privilegiamos los follajes (Acer, Gramíneas, Helechos, Bambús, Taxus bacchata Amersfoort, Azaleas japonesas) y las plantas cubresuelos (Epidemiums, Leptinella, Ophiopogon), imaginamos el agua que nos faltaba y en fin elegimos algunas plantas florales : camelia, peonías arbustivas Hatsu Garashu, cornus kousa Satomi, Stachyrus y el sorprendente prunus incisa “Kojo No Mai”. Los altos hydrangeas han conservado la sombra protectora del fresno, el cual los protege del sol veraniego : villosa, Tokyo Delight, Libelle, Blauer prinz, Ayesha, Vetchii, Woodlandr, Love You Kiss, Rotschwanz, Grayswood. Algunos cultivares japoneses preludian una colección: hydrangea serrata Kiyosumi , Kurenai Nishiki, Beniyama, Shirofuji,… En la terraza más abajo, tres pececitos enigmáticos llegan de las profundidades. ¡Cuidado! ¡No se inclinen! Acuérdense de Narciso : “Así mi alma se pierde dentro de su propio bosque...” Ha venido la hora de la Prueba. Los peces son los Esfinges de este jardín. Olvidémonos de sus preguntas mudas seguimos adelante.